Fue en la localidad segoviana de Fuentepelayo -encrucijada de caminos, crisol de razas y culturas- donde se propició el caldo de cultivo para que estas eminencias de la música lograran consagrarse como único eje central e inspiración de todo lo que se hace ahora mismo a nivel mundial en el panorama actual del rock. Aun continua siendo un misterio el cómo se pudieron llegar a juntar estas bestias de la interpretación, pero la leyenda ha ido pasando de boca en boca y, más o menos, todas las versiones coinciden en lo mismo…

Corría el año 2006, y el panorama musical era desolador… Manu, el frontman y vocalista del grupo, perteneció años atrás a los Iron Maiden. El enseñó a tocar todos los instrumentos a la conocidísima banda británica. Además, él solo escribió el The Number Of The Beast (letra y música). Su carácter mujeriego, su culto al desnudo y las diferencias con el resto del grupo por negarse a que saliera solo él en los créditos del disco se tornaron irreconciliables y se vio obligado a abandonar a aquellos desalmados y desagradecidos melenudos. Rodri, el bajo, un buen día decidió dejar su profesión de notario (que, por otro lado, no le aportaba tanto beneficio económico como el rock) para dedicarse a tiempo completo a tocar en pequeños clubs locales. Fue expulsado de varias bandas por su manía de saberse las notas y de llevar calzoncillos.

Finalmente acabó contratado por FD3C. Jorge, el guitarra solista, fue el fruto de un hogar deshecho, del consumo desmedido de estupefacientes y de la industria del porno. Tras pasar por su infierno particular, decidió retomar las riendas de su vida abandonando a su, por aquel entonces, actual pareja –Laetitia Casta- y comenzar a tocar de nuevo la guitarra de forma profesional. Dani, el batería, también arrastra un penoso pasado. Por todos son conocidas las terribles peloteras que tenía Steven Adler con sus compañeros de Guns N' Roses por la negativa de éste al abandono del uso de las sustancias. Lo que pocos saben es que, tras ser expulsado de los Guns se hizo la cirugía estética, se cambió el nombre –Daniel- y emigró a España.

En dos resacosos días de agosto de 2011 graban su primer disco, titulado “Hey nenas!”. Posteriormente se embarcan en una interminable gira que les lleva por Japón, Australia, USA y Cuellar, dejando un reguero de cadáveres, muerte y destrucción a su paso.

El futuro es incierto y borroso. ¿Conseguirán sobrevivir al poder y la fama del show-business o se verán devorados, como tantas otras bandas, por las fauces de los excesos del mundo del rock and roll…?

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