GONZALO RUBALCABA QUINTET
Centro Cultural Miguel Delibes
Sala Teatro Experimental “Álvaro Valentín” (Valladolid)
                                    

20 de noviembre de 2010
Crónica por Borja Sánchez Mayoral

Gonzalo Rubalcaba: piano
Yosvany Terry: saxos alto y soprano
Mike Rodriguez: trompeta y fliscorno
Matt Brewer: contrabajo
Ernesto Simpson: batería y percusión


                                                                                                                                            

Contar en la programación de conciertos de Valladolid con un músico de la talla de Gonzalo Rubalcaba ha sido todo un acierto. Con 47 años, Gonzalo Rubalcaba –de nacionalidad cubana y americana- es un pianista destacado de la escena jazzística internacional de las dos últimas décadas, poseyendo una carrera sólida donde se combinan tradiciones musicales de Cuba y Estados Unidos. Potenciadas sus inquietudes y habilidades desde pequeño por su padre –el pianista Guillermo Rubalcaba-, Gonzalo despuntó desde jovencito. Sus primeras grabaciones datan de comienzos y mediados de los 80, llegando a firmar en 1990 un LP extraordinario con Charlie Haden y Paul Motian, ‘Discovery: Live At Montreux'. Este álbum, donde su enorme virtuosismo tuvo una mayor proyección, supuso el espaldarazo definitivo en una trayectoria que presentó en su siguiente trabajo, ‘The Blessing' (1991), también en formato trío –en esta ocasión con Charlie Haden y Jack DeJohnette-, otro hito de unas dimensiones artísticas equivalentes.

En el resto de la discografía de Gonzalo Rubalcaba también podemos encontrar numerosos surcos interesantes, entre otros los contenidos en ‘Mi Gran Pasión' (1987), ‘Rapsodia' (1992), ‘Inner Voyage' (1999), ‘Supernova' (2001) y ‘Avatar' (2008), trabajos en los que el pianista demuestra asimismo una versatilidad notable.

El quinteto de Rubalcaba llegó a la sala Teatro Experimental del Auditorio Miguel Delibes con la intención de interpretar ‘Avatar', el penúltimo trabajo del pianista si tenemos en cuenta que hace muy poco ha publicado ‘Fe' (2010), un extenso disco en solitario lanzado desde su sello 5Passion, recientemente fundado junto a Gary Galimidi.

De las siete composiciones de ‘Avatar', solo “Infantil” está firmada por Gonzalo, “perteneciendo” al saxofonista Yosvany Terry “Looking In Retrospective”, “This Is It” y “Hipside”, y al contrabajista Matt Brewer la misteriosa “Aspiring To Normalcy”. “Peace” de Horace Silver y “Preludio Corto No. 2 For Piano (Tu Amor Era Falso)” del cubano Alejandro García Caturla completan el listado. La formación que vino a Valladolid, salvo el batería Ernesto Simpson, fue la que grabó el disco, y en la actuación el pianista dedicó a los músicos unas palabras, diciendo que era un álbum que recoge capacidad y fantasía compositiva. Madurez, contención y visión de conjunto pueden ser términos que definan también este trabajo, en el que las ejecuciones acrobáticas de Rubalcaba no tienen la presencia de antaño. Perspectiva, expresividad y libertad para un jazz con ecos neoyorkinos, intrincado e imaginativo, que se mueve con naturalidad por distintos terrenos y no puede circunscribirse a una etiqueta como la del latin jazz.

Durante el concierto, Rubalcaba y sus socios elaboraron un discurso musical sin fisuras a través de composiciones largas. Dotado de una técnica asombrosa y una gran sensibilidad, el pianista enfocó y dirigió la actuación sin sobresalir demasiado del conjunto siendo, como hemos insinuado al hablar de ‘Avatar', un elemento más dentro del esquema. Desde algo más de una década, tiene una mayor propensión hacia la melodía que hacia la complejidad rítmica, y su estilo tampoco olvidó la meticulosidad, la velocidad con las teclas y el pulso preciso. Combinó destreza con emotividad y templanza, y determinadas travesuras próximas al free, quiebros y filigranas con pinceladas concisas, todo ello con mucha seguridad.

Le respaldaba en esta aventura un grupo que se articulaba y amoldaba en función del desarrollo y el momento de la pieza. La sección de vientos contaba con Yosvany Terry, un saxofonista que soplaba con sentimiento y decisión y dejó valiosas aportaciones, especialmente con el saxo soprano. Asimismo Terry se movió en ciertas ocasiones dentro de unos registros más libres, sin perder las coordenadas. El trompetista Mike Rodriguez tenía una sonoridad limpia, luminosa e incisiva, manteniendo la comunicación y colaborando en la formación de texturas. El contrabajista Matt Brewer contribuyó al espacio común manejando su instrumento con plasticidad, defendiendo bien su parcela y apoyando en varios pasajes la construcción de un poderoso groove, siendo secundando por Ernesto Simpson, batería contundente, ágil y creativo, que no escondía sus influencias latinas.

La sencilla pero eficaz pantalla de fondo, que podía tener como motivo unos círculos concéntricos con colores que giraban o una iluminación más neutra, acompañaba bien la evolución de una música densa, de diferentes ambientes, logradas transiciones y brillantes cambios de ritmo, llevada a cabo con soltura y elegancia. En los bises, Gonzalo tuvo el protagonismo con dos interpretaciones en solitario, sobresaliendo la adaptación de “El Manisero”, en la que dio una de sus mayores exhibiciones aquella noche, al revisar de manera poliédrica este clásico de la música cubana. Antes de esto, en el momento de presentar a los músicos y agradecer al público y a los promotores, manifestó sus ganas de volver a Valladolid: “Ojala se repita pronto y en verano”. Deseamos que así sea.

Texto: Borja Sánchez Mayoral
Fotos: Antonio Macías
                                                                                                                                            

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