Solomon Burke
Patio de San Benito (Valladolid).
                                    

14 de julio de 2010
Crónica por Ana Alvarado

SOLOMON BURKE EN ROJO Y NEGRO

Impactante la actuación del predicador-showman-intérprete Solomon Burke en las Noches de San Benito. Su sol y gran presencia inundó todo el escenario desde el mismo momento en que fue literalmente depositado de su silla de ruedas al amplio trono rojo, negro y dorado que al efecto estaba dispuesto en el centro del escenario. Imposible que tanta humanidad (¿cuántos kilos pesará, cerca de 200?) se pueda mover por sí misma, y para ello y en rigurosa oscuridad y con una pantalla humana de las coristas y violinistas, el gran Solomon hizo su aparición en la noche vallisoletana. Vestido de rojo y negro, como el resto de la banda, y con cantidad de collares, comenzó de inmediato una actuación que duró cerca de una hora y media sin más transición entre canción y canción que las proclamas tan de su gusto "Impossible is nothing" (Nada es imposible), o "El cambio está a punto de llegar, pero nosotros lo tenemos que provocar".

Su objetivo manifiesto: esto es un concierto privado para cada uno de vosotros, y tenéis que disfrutar y bailar. Y vaya si el público disfrutó y bailó. A ello contribuyó notablemente la banda de ocho músicos con una potente sección de viento, teclados, órgano, guitarra, bajo y batería, a la que complementaban dos señoritas violonistas   y las dos coristas, su hija más pequeña de los 21 vástagos que tiene, y una de sus nietas, quienes en todo momento estuvieron pendientes de cualquier gesto del patriarca para secarle el sudor, aflojarle la corbata, repartir los regalos (camisetas, discos compactos, collares, rosas...) a la gente que él indicaba o incluso darle una pastilla, en un momento de la actuación.

Desgranó una a una sus canciones más conocidas y que fueron coreadas con entusiasmo por la gente, bailadas, aplaudidas, mezclando sus estilos más cultivados: gospel, rythm-and-blues, pop, soul, rock... Así se escuchó "Georgia on my mind", "Tonight´s the night",  "If you need me, call me", "Stand by me"... por mencionar algunas. No dejó pasar su particular homenaje a los grandes: Otis Redding, B.B. King, Sam Cooke, James Brown, Michael Jackson, de todos ellos se acordó, además de mencionar de que ésta era una de sus últimas giras y permitir que su hija cantase "I will survive" con el público subido en el escenario por invitación suya y bailando enloquecido.

A todo esto, tanto la banda, como las coristas, viloinistas y público, obedecían implícitas órdenes que él daba con un gesto de su mano: bailar, sentarse, corear... "¿Seguís creyendo en el amor?", el regalo final vino con "Everybody needs somebody to love", que tan popular se hiciera en la película de los Blues Brothers. Inolvidable noche la de Solomon Burke en Valladolid, lástima que el aforo no se encontrara a rebosar, sino tan sólo alrededor de un tercio.

Texto: Ana Alvarado
Fotos: Alberto Blanco
                                                                                                                                            

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