La noticia de que Pat Metheny (1954) actuaba en Valladolid generó expectación entre muchos aficionados al jazz y particularmente entre los seguidores del genial guitarrista, compositor e improvisador de Missouri. Una vez finalizado su concierto y desvelado en parte el misterio de su nueva gira, la sensación mayoritaria de las aproximadamente 900 personas que asistimos al Teatro Calderón fue de satisfacción, ya que habíamos visto un espectáculo único.
El hecho de que nos visite uno de los mejores guitarristas de jazz debe ser motivo de agrado, puesto que Pat atesora una carrera sólida en sus 35 años dedicados a la música con diferentes proyectos, más de cuarenta discos editados, composiciones para guitarra solista, para pequeños conjuntos, para instrumentos eléctricos y acústicos y para grandes orquestas, una lista extensa de ilustres colaboraciones e innumerables premios y reconocimientos (entre ellos 17 Grammys). Con poco más de 20 años y dos grabaciones a su nombre, este joven prodigio que ya había impartido clases de guitarra en la prestigiosa escuela de Berklee, formó en 1977 Pat Metheny Group, una referencia dentro del jazz contemporáneo que sigue en activo según requiera su líder. La inquietud creativa del estadounidense se ha manifestado en otros contextos, como tríos y dúos, discos en solitario, asociaciones diversas y trabajos para el cine que demuestran una variedad estilística considerable y una búsqueda continua dentro de lenguajes relacionados con el jazz.
Este proyecto no desentona dentro de la trayectoria de un artista tan imaginativo como Pat Metheny, que desde hace tiempo ha tenido en la tecnología a un valioso aliado. No debemos olvidar su interés de antaño por los sonidos electrónicos y los sintetizadores (como por ejemplo su pionera adopción del Roland GR-300), y su participación en el desarrollo de varios tipos de guitarras, entre las que se encuentra la Pikasso que empleó en Valladolid. En “Orchestrion” los músicos son sustituidos por máquinas que tocan instrumentos reales, siendo Pat el director de la orquesta y el único intérprete de carne y hueso. Una especie de viaje de ciencia-ficción con sabor a antiguo que contó con la tecnología MIDI para materializarse.
Nada más llegar al Calderón nos percatamos del grupo de instrumentos que presenta en vivo; entre los que tenemos a la vista destacan un piano, una marimba, un vibráfono, una guitarra, un chaston y unos platillos. Al poco tiempo sale al escenario Metheny con camisa y pantalón oscuros y playeros negros, y arrancó con un corte interpretado por guitarra acústica en la que se bastó de su virtuosismo y la amplificación para llenar de sonido un teatro con buena acústica. Variaciones, expresividad y elasticidad expuso antes de cambiar, en el siguiente tema, a una guitarra barítona que aportó una sonoridad más penetrante con algún efecto complementario, rasgueos y punteos bien integrados en un conjunto sensible que resultó más accesible que el anterior. La guitarra Pikasso en la siguiente toma nos confirma el esquema inicial de sus últimas apariciones en directo, resultando curioso ver sonar a este instrumento de 42 cuerdas con tres mástiles cruzados y una cuarta fila de cuerdas dispuesta a modo de arpa. Se optó por unas notas de aire oriental seguido de riffs más contundentes en lo que parecía una improvisación. En “Unity Village”, de su ópera prima ‘Bright Size Life' (1975), empleó la guitarra eléctrica por primera vez, grabó unos acordes en la pedalera Moog e improvisó por encima bajo el ritmo continuo de un chaston y unos platillos que se iluminaban.
Al alzarse el telón y verse al descubierto el grueso del Orchestrion se produjo una ovación. Una especie de tablero con paneles en el que encontrábamos partes de una batería, una guitarra acústica, un bajo eléctrico, distintas percusiones y a ambos lados dos muebles formados por botellas de agua que funcionaban a modo de órgano emitiendo sonidos mediante un sistema de aire comprimido. Todo esto se unía a los instrumentos anteriormente citados y a unas luces intermitentes que contribuyeron a un espectáculo fantástico. La interpretación del álbum ‘Orchestrion' fue en mi opinión lo mejor del concierto, el cual se iba optimizando y ganando intensidad. Estamos ante un disco notable, compuesto ex profeso para este formato y cuya representación resulta verdaderamente atractiva, más allá de lo que un amigo mío calificó de manera peyorativa como una atracción de circo. “Expansion” -con sus percusiones, armonías vibrantes, capacidad melódica, cambios de ritmo y esa guitarra soñadora y desenvuelta que perfila el conjunto-, nos mostró a aquel enorme artilugio mecánico funcionando a pleno rendimiento. “Spirit Of The Air” se escuchó estupendamente con la orquestación creando un fondo misterioso y sutil y destacando un excelente pasaje de guitarra, siendo uno de los grandes momentos de la noche. Con una iluminación acorde a la composición, “Entry Point” sonó emocionante y profunda, con plasticidad en las seis cuerdas que, una vez más, estaban muy bien sincronizadas con el resto de artilugios.
La compleja y monumental suite “Orchestrion” aúna varias virtudes del proyecto, y entre sus rasgos encontramos colorismo, naturalidad en la progresión, rítmica poderosa, coordinación entre los distintos elementos, elegancia y hábiles intervenciones por parte de Metheny. El cierre de esos 16 minutos con una luz más íntima fue precioso. La balada “Soul Search” con ese arranque delicado de piano y guitarra, y esa instrumentación que arropa de manera suave su avance mostró unos registros más clásicos, y en algunos momentos una cierta sensación de frialdad, con una percusión a la que la faltaba emoción. Pat, en una exposición oral compartió con los presentes recuerdos de su infancia y nos comentó brevemente su innovador montaje. Tras lo visto y escuchado llegamos a la conclusión de que Orchestrion es una máquina que tiene un funcionamiento bastante complicado. A lo largo del concierto observamos cómo el estadounidense secuencia los distintos instrumentos con su guitarra, con los pedales, a través de una consola de mandos y con la ayuda de un técnico que estaba oculto en un lateral.
Mientras realizaba una demostración controlada con la guitarra en su peculiar laboratorio sónico ejecutó “Broadway Blues”, composición de uno de sus artistas más queridos, el gigante del free jazz Ornette Coleman. Un tema grabado por Metheny en varias ocasiones, que contó con fraseos rápidos y repeticiones a modo de improvisación. Asimismo dos piezas se desarrollaron con una estructura abierta. En la primera improvisación acciona el “órgano” con un pedal y se suman el vibráfono y la marimba, entrando también la batería y quedando un conjunto denso con aires de free-jazz y avant-garde, que se potencia con efectos extraños en las cuerdas, disonancias y acordes extravagantes, que despertaron aplausos. La segunda no fue tan abrupta, aunque resultó interesante ver cómo se fue construyendo y adaptando con las programaciones, las duplicaciones y la guitarra sintetizada. En “Antonia”, tema perteneciente a ‘Secret Story' (1992) -uno de sus mejores álbumes-, se ayudó también del Orchestrion al completo y sonó bien, aunque le faltó la calidez y frescura que imprimen los intérpretes humanos. El animado “Stranger In Town” de su obra ‘We Live Here' (1994), también generó algunas impresiones raras, ya que por un lado suena como un cañón con esa potente base jazz-rockera y unos solos soberbios de Pat, pero también el conjunto parece un poco artificial, con una percusión programada similar a la de estudio. “Sueño Con Mexico” de ‘ New Chautauqua' (1979) – LP en solitario en el que Pat secuenció pistas con guitarras y bajos-, fue uno de los que mejor quedó con el nuevo formato. Se inició mediante una guitarra acústica con soporte que utilizó para grabar unos acordes, exhibió una vez más su lirismo con la eléctrica, manejó bien los espacios y contó con una incorporación del Orchestrion muy lograda.
Dos horas y media de concierto variado que despertaron grandes aplausos entre el público presente, especialmente a medida que avanzaba la velada. Pat, de nuevo, demostró sobre las tablas profesionalidad y generosidad, mostrándose asimismo muy agradecido ante las expresiones de afecto. Es meritorio que tras una carrera tan prolífica, siga dando entre 120 y 240 actuaciones al año, lo que dice mucho de su espíritu y capacidad de trabajo. Al retirarse y encenderse las luces del Calderón numerosos espectadores nos acercamos al escenario para ver de cerca el Orchestrion, y allí estuve hablando con el guitarrista David de la Plaza , al que desde aquí agradezco la ayuda prestada en la realización de esta crónica. El festival Valladolid Vive La Música ha arrancado de manera excelente y veo difícil que otro concierto de su programación supere lo mostrado por Metheny. Muchos asistentes podemos decir sin arriesgarnos que presenciamos uno de los mejores bolos de este 2010 en Valladolid. Ojala podamos verle en un futuro con su grupo en el mismo escenario o en el Auditorio. Texto: Borja Sánchez Mayoral
|