Hace unos años le comenté al director de un gran festival de jazz de España la posibilidad de contar con la Big Band del Taller de Musics de Barcelona, que había escuchado en directo con Tete Montoliú…grabaron un excelente disco, igual que la colaboración con Pau Riba (Brian the clown, Noia de Porçelana, etc) o Santiago Auserón-Juan Perro. Me comentó que sonaba “bastante mecánica”. Puede ser, pero lo dudo. En el jazz el término “mecánico” ha sido siempre peyorativo, excepto en el caso de Carla Bley, que ya se inspiró en estos artilugios, aunque solo en el aspecto de contenidos y sonoridad. Ahora Metheny –al que tenía un tanto olvidado después del empacho de los 80- nos da una lección de adaptación entre música escrita e improvisada y “el mundo mecánico”. No estamos hablando de la mecánica más elemental, claro. Se trata de una mecánica sofisticada: automatismos y servomecanismos, pequeños motores muy precisos.
Inspirado por la fascinación de las pianolas que escuchaba de niño, Metheny lleva la idea a los antiguos “orchestrion” bandas de pianolas y percusiones autómatas. Tenemos muchos ejemplos en Europa: carrillones, relojería de precisión en Alemania y Suiza, preciosa de ver funcionar y escuchar…incluso en algunos pueblecitos de la Selva Negra –lugar al que deben ir los políticos de C y L con una mochila, un lápiz y papel para tomar nota de cómo “NO” se despuebla una región rural-. La idea no puede ser más sencilla de parir pero compleja de realizar: conviertes una grabación instrumental en impulsos eléctricos en un ordenador y este reconvierte la información en nuevos impulsos que mueven estos pequeños motores que golpean elementos de percusión: batería, marimbas, vibráfonos, piano, etc. Trabajo muy preciso de ajuste para que dentro del marco “mecánico” en el que se mueve, suene flexible…lo más cercano a lo “humano” algo que ya está inventado en el entorno midi-sampler.
Item más, el tipo melenudo improvisa y –supongo mediante técnicas midi- activa secciones de la orquesta mecánica a su antojo, mediante pedales que le permiten modificar ritmos. Asombroso. Un ejemplo de ingeniería musical que ya habrían querido poder realizar los futuristas italianos, los constructivistas rusos o las bandas de la Bauhaus. Una lección de innovación y ajuste sin olvidarse que lo importante es el contenido y no solo el soporte, como demuestra con las guitarras clásicas –estudios bastante improvisados- o acústicas –blues para caerse del anfiteatro abajo-. Me agradó mucho la sonoridad prestada de los ensembles de Steve Reich, con el que Metheny ha colaborado en varias ocasiones, grabando un gran tema: Electric Counterpoint, precedente de la versión del “violin phase” para guitarra eléctrica: electric guitar phase, esta a cargo del guitarrista Dominic Frasca. Qué pena de Muestra Internacional de Teatro, Reich estaba en la lista. Lo sustituyeron por “la del manojo de rosas” y ahora el televisivo “estudio 1” resulta innovador en esta ciudad.
Se podía haber acercado al sonido expresionista de Tom Waits –que usa instrumentos autómatas también- pero queda mejor con el minimalismo reichiano aludido. ¿Problemas?...¿La excesiva duración?...no se me ocurren más. Entiendo que es un espectáculo de cierta dimensión económica…por lo tanto no puede ser barato y eso lleva en muchas ocasiones a pedirle al artista un plus de tiempo en el escenario. No deberíamos: lo bueno si breve… Yo disfruté como un enano…y me estoy construyendo uno en casa (es broma, no tengo sitio) Texto: Maguil
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