RYAN T. WALSH
Café España (Valladolid).
                                    

9 de enero de 2011
Crónica por Gracia María Gil

El pasado domingo 9 de enero pudimos disfrutar en el Café España de nuestra ciudad de un fantástico recital de guitarra clásica ofrecido por Ryan T. Walsh.
La nueva etapa del Café España apuesta por una serie de conciertos de música clásica, además del jazz y del flamenco al que ya nos tenía acostumbrados. Es una estupenda y original manera de acercar la “música culta” al público, sin necesidad de abonar precios desorbitados por las entradas en las salas más conocidas, disfrutando de un ambiente agradable con un café entre las manos.

La guitarra clásica no suele ser un instrumento frecuente en las programaciones de conciertos de las salas, quizá por desconocimiento del repertorio, tanto por parte del público como de los programadores o por la “soledad” que implica en un escenario. Walsh demostró que es posible ofrecer un repertorio variado, conocido y cercano al público tanto entendido como profano, sin denostar la calidad musical y la dificultad técnica.

La extensa experiencia concertística de Ryan T. Walsh quedó plasmada durante la hora y media de música que regaló al público, al que fue metiéndose en el bolso poco a poco, a medida que avanzaba la noche. Su sencillez y familiaridad al presentar las obras creó un ambiente distendido y una magnífica intercomunicación con los asistentes.

La primera parte estuvo dedicada a la música española para guitarra. Obras como Capricho árabe de Tárrega, Romance anónimo o la archiconocida Asturias de Albéniz, abrieron boca y caldearon los ánimos del público para lo que vendría después. La fuerza de la música de los grandes compositores, Tárrega y Albéniz, uno de los principales representantes del nacionalismo musical español, no es fácil de transmitir. Los rasgueados, las escalas descendentes a gran velocidad y las dinámicas tan súbitamente cambiantes, crean una esfera sonora que el intérprete ha de presentar como una sucesión de elementos nuevos en el discurso musical, construyendo así, poco a poco un lenguaje seductor. La guitarra en manos de Walsh, lo consiguió! El hecho de que el público conociera estas piezas, favoreció también el descubrimiento de este lenguaje.

     

Lágrima de Tárrega, es una pieza sencilla y breve, completamente opuesta a las anteriores. Lejos de la pasión y de la velocidad, su intimidad nos lleva más a un romanticismo y delicadeza sublime. Este contraste hace amena la escucha y Ryan supo atrapar al oyente, suscitando en su interior una gran variedad de estados emocionales.

Fernando Sor fue uno de los grandes guitarristas del S.XVIII, a veces no valorado como se merece, ya que puede ser considerado un Beethoven o un Mozart español en su instrumento, con un lenguaje compositivo verdaderamente innovador. La dificultad que entrañan sus obras es notable. Walsh nos presentó un tema con variaciones sobre la última ópera de Mozart, La flauta mágica. Posee un gran dinamismo y arriesgados movimientos escalísticos y arpegiados, así como contrastes en el tempo y la agógica. En este punto del recital, nuestro intérprete ya había certificado su dominio técnico del instrumento, su musicalidad y su capacidad de sorprender al público.

Terminó la primera parte con La catedral, probablemente la obra más conocida y programada del paraguayo Agustín Barrios, enlazando así con la segunda parte, que nos llevaría a recorrer distintas partes de América y Europa. Venezuela (Antonio Lauro), Brasil (Heitor Villa-Lobos) o Cuba (Leo Brouwer).

La apuesta más fuerte de Ryan en esta segunda parte fue La Suite para Cello, BWV 1007, de Johann Sebastian Bach, eligiendo tres movimientos o danzas, Prelude, Allemande y Courante. El periodo barroco maduro (primera mitad del S.XVIII), en el que se encuadra esta obra de Bach, lleva implícito un complejo entramado de voces que discurren de manera contrapuntística. Este es el sello del autor. Un Cello, instrumento para el que está compuesta la obra original, puede (aunque no sin dificultad), hacer sonar cada voz de manera clara mediante el movimiento del arco. En la guitarra, las cuerdas suenan a la vez, algunas vibran por simpatía y es necesario apagar continuamente los sonidos residuales. La coordinación de ambas manos ha de ser extrema, con la dificultad añadida de la cantidad de adornos que se escriben en la música barroca. Interpretar Bach en concierto es uno de los mayores retos de un guitarrista, que Walsh no quiso evadir. Aportó a esta obra su carácter personal, mediante cambio de timbres, rubatos y juegos de velocidad, reflejando un trabajo muy meditado en el estilo de la época y particularmente, en el estilo de Bach.

Roland Dyens fue el postre que degustamos en este concierto. Tristemusette es una obra personal que el compositor escribió como homenaje a un amigo fallecido. De forma tripartita bitemática (ABA), los cambios de armonía y de carácter, hacen de la pieza una manifestación desgarradora. Me atrevo a decir que esta es una de las obras favoritas de Ryan. El tiempo transcurrido desde que la estudió, ha hecho que haya madurado su interpretación y la haya asumido casi como propia, interiorizando el dolor y el sentimiento de cada uno de sus compases. Por eso en este momento, el público entendió perfectamente el sentido de la composición y Ryan se abandonó a la expresión musical.

Tango en skai, del propio Dyens, es una pieza graciosa y pegadiza, plagada de elementos originales como armónicos, glisandos, golpes en la tapa de la guitarra y cambios bruscos de carácter, que hicieron las delicias de los allí presentes bajo ritmo de tango. La sorpresa vino con Astoria, primera y reciente compositor del intérprete que hace alusión a su tierra natal. Cambios de modo, variaciones en el motivo principal, apoyaturas y acordes con notas disonantes pertenecientes a la música de jazz, denotan una inquietud e interés por la composición, esfera a la que Ryan se siente atraído y será el comienzo de una nueva andadura.

Fue un final apoteósico que puso broche a una cálida velada, donde el público disfrutó, el intérprete disfrutó y la guitarra clásica se abrió un pequeño hueco en la escena musical de Valladolid. Ojalá esta aportación lleve a futuras programaciones de este instrumento, tan desconocido y apartado en la música clásica y tan envolvente y mágico… Gracias, Ryan T. Walsh!

  

Programa :
1. Capricho Árabe – Tárrega (España)
2. Romance Anónimo – Anónimo (España)
3. Asturias – Albéniz (España)
4. Lágrima – Tárrega (España)
5. La Flauta Mágica – Sor (España)
6. La Catedral – Barrios (Paraguay)
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7. Vals Venezolano n.3 – Lauro (Venezuela)
8. Estudio n.1 – Villa-Lobos (Brasil)
9. Estudio 20 – Brouwer (Cuba)
10. Estudio 17 – Brouwer (Cuba)
11. Suite para Cello, BWV 1007 – Bach (Alemania)
12. Tristemusette – Dyens (Francia)
13. Tango en Skai – Dyens (Francia)
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Bis: Astoria – Walsh (Estados Unidos)

Texto: Gracia María Gil              
Fotos : Zyllan y Antonio Macías

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