JOSÉ MENESE

Flamenco en Navidad.                                                  MONUMENTO A LA SOLEÁ
Sala Borja (Valladolid)
                                    

22 de diciembre de 2011
Crónica por Ana Alvarado

 

El preludio navideño en Valladolid fue flamenco y jondo, muy jondo. Y, sobre todo, muy auténtico. Venía el maestro Menese, historia viva del flamenco, y acudimos a comprobar, en primer lugar, cuánta afición de verdad hay en esta Pucela flamenca, y a ver al monstruo, cuya sola presencia llena el escenario. Mito donde los haya. Tirón de orejas a  los que se les llena la boca diciendo que les gusta el flamenco, porque la Sala Borja no se llenó, y así debiera haber sido. Los más mayores para recordar, y los más jóvenes para  aprender. Esperemos que esto no desanime a Santiago y a Mario y nos sigan obsequiando con actuaciones de este nivel.

Y qué decir del cantaor de La Puebla. Su cante se resiste a cualquier análisis, porque es eso, cante flamenco, profundo, verdadero, como verdadero es su parlamento ("no puedo cantar más"). No hacía falta. Había dicho una soleá de una vez, de las que se te quedan grabadas en la memoria y en el alma. Algunos pensarán que nos conformamos con poco. Ni mucho menos. Escuchar una soleá como la que interpretó Menese es difícil. Y además Antonio Carrión se acopló con él a la perfección. El silencio de los asistentes era elocuente.


foto de archivo de Fernando Fuentes (Calendario Flamencos 2008)

José Menese había salido al escenario claramente mermado físicamente, luego explicó que le van a operar de un hombro, pero tras cantar una preciosa nana inspirada en una "musiquilla de Manuel de Falla" (ahí es nada), una farruca aprendida de su admirada vallisoletana Adela Escudero y unos caracoles, bien raros de oir estos días, se puso, y se puso de verdad. Y ahí quedó eso. Porque luego algo raro pasó, cambió el tono de la guitarra y su voz se quebró para interpretar unos villancicos y rematar, mejor, con los campanilleros que se oían a Manuel Torre y La Niña de Puebla. Y ya está.

Para empezar, Manuela Cordero, de Rota, se empleó y declaró su intención con la malagueña de la Trini, continuando por tientos-tangos, una buena soleá, alegrías de su tierra y los villancicos por bulerías. Un repertorio clásico, muy de agradecer. El problema es que la guitarra la tapaba mucho, y no se podían percibir los ricos matices de su cante, solo adivinarlos. ¿Cuándo se sonorizará bien un recital de flamenco?.

Ana Alvarado              
           

 

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