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  MIGUEL POVEDA.-crónica

Miguel Poveda, cante
Joan Albert Amargós, piano
Juan Gómez "Chicuelo", guitarra flamenca
Olvido Lanza, violín; Julián Sánchez, trompeta; Paquito González, percusión; Luis Cantarote y Carlos Grilo, palmas; Horacio Fumero, contrabajo; Antonio Coronel, batería


Teatro de la Axerquía, Córdoba  
10 de julio de 2009. 23:30h  
Aforo: lleno   

Miguel Poveda, a sus treinta y tantos, ya es un grande del cante. Forma parte de esa cuadrilla de yogurines (como Arcángel o Estrella Morente) qe han sabido beber de las fuentes adecuadas para qe el flamenco deje de girar en torno al cadáver de Camarón. Es gran fortuna qe se hayan abandonado las nostálgicas elegías por el genio malogrado y se vayan abriendo los cauces necesarios para contestar a la pregunta de qé más puede decir el cante flamenco qe no haya dicho ya.

Su, de momento, meteórica carrera (ocho discos, Lámpara Minera con veinte añitos y Premio Nacional de Música con treinta y cuatro), es la de un singular payo catalán qe es capaz de labrar retorcidos cristales de diamante flamencos, depurándolos hasta conseguir los mejores brillantes. Su última creación, el disco "Coplas del Querer", era algo necesario, pues su técnica vocal debe bastante a la copla, un género qe necesariamente habría de afrontar desde la inqietud de un tío qe tiene un Premio Nacional de Música y no desde la frivolidad propia de la pop-rumberilla metida a coplera del tres al cuarto. Los grandes nunca pecan del atrevimiento del ignorante y, para encontrar aqello qe qieren, se dejan ayudar por otros grandes. Es el caso, por ejemplo, de Vicente Amigo, qe tuvo en Leo Brouwer el aliado perfecto para sacar adelante "Poeta" y, por supuesto, Poveda, qe acudió a Joan Albert Amargós (una vez más) para darle el empaqe deseado a su último disco, del qe parte nos iba a ofrecer la noche qe vino a actuar al Teatro de la Axerquía.

El cantaor entonó coplas de la más diversa índole: la mayoría han sido rescatadas de un injusto olvido y sólo algunas ("La bien pagá", "Rocío", "Ojos verdes") eran conocidas por el gran público. Hubo una, "¡Ay mi hermanita!", qe en su tiempo cantaba Rafael Farina, con la qe (lo manifestó de palabra) qiso pedir respeto para la mujer (la mujer, ese gran desconocido...): rodeados como estábamos de puñales, de traiciones y de los estomagantes clichés qe hablan de mujeres malas malísimas y culpables hasta de los pedos de metano qe nos van a matar a todos y qe predican gran parte de las coplas con sus letras, no era una apreciación innecesaria del todo. En su interpretación, el cantaor jugó elegantemente entre la expresividad y la serenidad: más hacia la expresividad cuando cantaba flamenco; más hacia la serenidad cuando cantaba copla. De ahí qe el público pensase, en general, qe el de Badalona estaba más a gusto allí (en el flamenco, no en Badalona) qe aqí (en la copla, no en Córdoba). Yo no lo creo, aunqe la cosa llegó a extremos fáciles de sospechar, cuando un pollo aprovechó para decirle en alto, en el primer bis de la noche: "No cantes copla, por favor...". A eso, Poveda le contestó: "Y entonces, ¿a qé he venido yo aqí?", para después, en los intermedios entre el puñado de temas qe cantó como bises, soltar en peqeñas dosis (ligeramente envenenadas, por cierto) una gran lección acerca de la permeabilidad histórica entre la copla y el flamenco (¡¡Zas, en toda la boca!!).

Así qe, de lecciones estuvimos sobrados. Porqe, aparte de las grandes lecciones de saber estar en el escenario, de cómo afrontar los distintos momentos qe se presentan en un espectáculo de este tipo (aunqe le sobraron los repetitivos panegíricos sobre los músicos y hasta sobre los técnicos de sonido y luces, cual si de un émulo de José Luis Moreno se tratara), dio con cada canción lecciones de interpretación, de técnica, de virtuosismo, de originalidad y de profundo conocimiento de la tradición. No sólo él, sino también los musicazos qe traía, a cual mejor, empezando por Amargós, qe lleva toda la vida como pianista, compositor y arreglista y es en este caso el artífice de la transfiguración de la copla: de algo qe se canta en tugurios madrileños a algo qe se toca en garitos neoyorqinos. Y no por ello se deja de llamar copla. Otro personaje importante de la noche, "Chicuelo", fue protagonista en muchos de los pocos pero intensos momentos de flamenco qe hubo.

Poveda se atrevió ("no tengo vergüenza ninguna", dijo) a cantar, e incluso bailotear, la rumba "Sere... serenito", qe cantaba Camarón en la película "Casa Flora": un tema totalmente coherente dentro del disco y del programa del concierto, dado qe se trataba de una de las letras del gran homenajeado de la noche, el poeta Rafael de León. Entre los momentos flamencos, casi todos concentrados en los bises de más de media hora de duración, no cabría esperar otra cosa de Poveda qe, como gran colofón de la noche, nos deleitara con "Alfileres de colores", uno de sus cantes por bulerías más sonados.

Bárbaro este coloso devorador de escenarios con esta imponente tropa de músicos y bárbaro el concierto de casi dos horas y media qe se marcaron en el Teatro de la Axerquía. Por su intensidad, su elegancia, su variedad, su originalidad, su autenticidad y su duración, sin duda, y de largo, el mejor concierto del Festival de la Guitarra 2009

-Trabas. Julio'09