Durante años, practicar deporte en España estuvo asociado, en buena medida, a los gimnasios, las pistas deportivas, las piscinas o los campos donde se disputaban las modalidades más tradicionales. Sin embargo, los hábitos están cambiando y cada vez son más las personas que buscan una relación diferente con la actividad física. La naturaleza, los espacios abiertos y la posibilidad de convertir el ejercicio en una experiencia parecen ganar terreno, especialmente entre quienes quieren combinar deporte, ocio y contacto con el entorno.
Los últimos datos oficiales ayudan a entender la magnitud de este cambio. El 62,7% de la población española de 15 años o más practicó algún deporte durante el periodo analizado por la Encuesta de Hábitos Deportivos 2024-2025, elaborada por el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes junto al Consejo Superior de Deportes. La cifra supone un aumento de 5,4 puntos porcentuales respecto a 2022 y marca el nivel más elevado registrado hasta ahora en la serie reciente. Además, el 53,9% de quienes practican deporte asegura hacerlo al menos una vez por semana.
Dentro de ese crecimiento general, destaca especialmente la relación con las actividades que se desarrollan al aire libre. El senderismo y el montañismo se sitúan entre las modalidades deportivas más practicadas en España, con un 24,9% entre las personas que hicieron deporte durante el último año. Por delante aparecen la gimnasia suave y la intensa, mientras que por detrás se encuentran la musculación y halterofilia, la natación y el ciclismo, que alcanza al 21,4% de los practicantes.
Los datos son especialmente interesantes porque muestran que el atractivo de los deportes vinculados a la naturaleza ya no se limita a un pequeño grupo de aficionados especializados. Caminar por la montaña, recorrer una ruta en bicicleta o realizar una actividad en un entorno natural forman parte de los hábitos deportivos de una proporción considerable de la población. Y aunque no todas estas actividades pueden clasificarse estrictamente como deportes de aventura, sí reflejan una tendencia hacia una práctica más vinculada al exterior y a la búsqueda de experiencias diferentes.
El senderismo constituye probablemente el mejor ejemplo de esta evolución. Su crecimiento puede explicarse por una característica que pocas modalidades reúnen de la misma manera: permite adaptar la dificultad, la duración y el entorno a las condiciones de cada persona. Una ruta sencilla puede convertirse en una actividad familiar de fin de semana, mientras que un recorrido de alta montaña exige preparación física, experiencia y material específico. Entre ambos extremos existe un abanico enorme de posibilidades que facilita que personas con perfiles muy diferentes encuentren su propia forma de practicarlo.
El auge de estas actividades también está modificando la manera de entender una escapada. Para una parte de la población, viajar ya no significa únicamente visitar monumentos, descansar en la playa o buscar propuestas gastronómicas. El desplazamiento puede convertirse en una oportunidad para hacer una ruta, subir una montaña, practicar ciclismo, descender un río o conocer un espacio natural mientras se realiza actividad física. El turismo y el deporte se encuentran así en un terreno cada vez más próximo.
No es una cuestión menor dentro de la economía española. El turismo alcanzó en 2024 un peso del 12,6% del PIB, con una aportación de más de 200.000 millones de euros, según la Cuenta Satélite del Turismo publicada por el Instituto Nacional de Estadística. Aunque esta cifra engloba todo el sector turístico y no permite atribuir ese volumen directamente a los deportes de aventura, sí ayuda a dimensionar el enorme mercado en el que se desarrolla el turismo activo y de naturaleza.
En este contexto, determinadas zonas rurales y de montaña encuentran en estas actividades una oportunidad para atraer visitantes fuera de los destinos turísticos tradicionales. La posibilidad de realizar actividades deportivas puede convertirse en un elemento adicional para elegir un destino y, al mismo tiempo, contribuir a repartir la actividad turística por territorios que no concentran las grandes llegadas vinculadas al sol y playa.
El ciclismo representa otra de las modalidades que mejor encajan en esta transformación. La Encuesta de Hábitos Deportivos sitúa su práctica en el 21,4% entre quienes realizaron deporte durante el periodo analizado. Su versatilidad permite recorrer ciudades, carreteras secundarias, caminos rurales o senderos de montaña, con niveles de exigencia muy diferentes. La expansión de modalidades como el gravel o el mountain bike ha ampliado todavía más las posibilidades para quienes quieren utilizar la bicicleta como una forma de descubrir nuevos espacios.
La tecnología también ha ayudado a cambiar la manera de practicar estos deportes: aplicaciones de navegación, dispositivos GPS, relojes deportivos y plataformas que permiten registrar recorridos han hecho que resulte más sencillo planificar rutas, medir distancias y compartir experiencias. Para muchos aficionados, esta dimensión tecnológica forma parte del atractivo: el deporte deja de limitarse al esfuerzo físico y se convierte también en una actividad que permite establecer objetivos, conocer nuevos recorridos y comprobar la evolución personal.
Pero la expansión de las actividades al aire libre no significa necesariamente que todos los practicantes busquen emociones extremas. Esa es precisamente una de las grandes transformaciones del fenómeno. El concepto de aventura se ha ampliado. Para algunas personas puede significar afrontar una vía ferrata o descender un barranco; para otras, realizar por primera vez una ruta de montaña de varias horas. La intensidad varía, pero existe un elemento común: salir de los espacios deportivos convencionales y convertir la actividad física en una experiencia.
El factor social también desempeña un papel importante. Muchas de estas modalidades se practican en pareja, con amigos o en grupos organizados. El componente de convivencia puede convertirse en un incentivo adicional para comenzar a practicar una actividad. Frente a determinados modelos de ejercicio más individuales y repetitivos, una ruta puede ofrecer al mismo tiempo movimiento, conversación, descubrimiento y tiempo compartido.
El perfil de quienes practican deporte también está evolucionando. La encuesta del CSD muestra que casi tres de cada cuatro personas que hicieron deporte practicaron más de una modalidad y que las actividades individuales tienen un peso claramente superior a las de equipo. El 63,6% de la población analizada se inclinó por deportes individuales, frente al 11,5% que optó por deportes de equipo. Este dato encaja con el crecimiento de actividades que cada persona puede organizar de acuerdo con su propio horario y sus preferencias.
También se está reduciendo la distancia entre hombres y mujeres en la práctica deportiva. En 2024-2025, el 66,2% de los hombres y el 59,5% de las mujeres practicaron deporte, con una diferencia de 6,7 puntos porcentuales, la menor registrada hasta ahora. Además, el senderismo y el montañismo se encuentran entre las modalidades con una presencia destacada tanto entre hombres como entre mujeres.
La edad introduce, lógicamente, diferencias importantes. Las personas jóvenes presentan una tasa de práctica deportiva mucho más elevada, pero las actividades al aire libre ofrecen una ventaja particular: pueden adaptarse a distintas etapas de la vida. No es necesario afrontar una ascensión exigente para disfrutar de la montaña ni recorrer decenas de kilómetros para aprovechar una bicicleta. Esa posibilidad de ajustar la intensidad ayuda a explicar por qué algunas modalidades outdoor consiguen atraer a un público tan amplio.
Al mismo tiempo, el crecimiento de estos deportes plantea nuevas exigencias. Cuanto mayor es el número de personas que se adentran en entornos naturales, más importante resulta contar con conocimientos básicos de seguridad, respetar las condiciones meteorológicas, conocer las características de cada recorrido y utilizar el equipamiento adecuado. La popularización de una actividad no elimina sus riesgos. En especialidades como la escalada, el barranquismo, el alpinismo o determinados recorridos de montaña, la experiencia y la preparación siguen siendo fundamentales.
El auge del barranquismo en la Sierra de Gredos
La Sierra de Gredos reúne unas condiciones naturales especialmente favorables para practicar barranquismo. Sus gargantas graníticas, los cauces de montaña y la presencia de numerosos desniveles crean un escenario en el que el agua y la roca determinan continuamente la forma de avanzar. En los últimos años, esta actividad ha ganado presencia dentro de las propuestas de turismo activo vinculadas al entorno de Gredos, hasta convertirse en una de las formas más singulares de acercarse a determinados paisajes de la sierra.
Hablar de un auge cuantificado resulta complicado porque no existe una estadística pública específica que permita saber cuántas personas practican barranquismo cada año en Gredos. Sí puede hablarse, sin embargo, de una actividad consolidada dentro de la oferta de turismo activo de Castilla y León y de un territorio en el que los descensos de barrancos forman parte de las posibilidades recreativas asociadas a la montaña. La propia Junta de Castilla y León incluye el descenso de barrancos entre las actividades de turismo activo reguladas en la comunidad.
La singularidad de Gredos está en su geología, según nos explican los monitores de Tabei Adventures, quienes nos cuentan que el granito domina buena parte del paisaje y, sometido durante miles de años a la acción del agua, ha dado lugar a gargantas y cauces con formas muy características. La erosión ha creado superficies lisas, estrechamientos, bloques, pequeñas cascadas y pozas que permiten desarrollar diferentes técnicas de descenso. En lugar de limitarse a caminar junto a un río, el barranquismo obliga a introducirse en su recorrido y seguir el relieve que el agua ha ido modelando.
Uno de los rasgos que hacen especialmente atractiva esta actividad es precisamente la variedad de movimientos que exige. Dependiendo de las características del barranco, el recorrido puede incluir desplazamientos por el agua, trepadas, descensos por roca, saltos a pozas, toboganes naturales y rápeles. No todos los barrancos reúnen los mismos elementos ni presentan idéntico grado de dificultad, de modo que conocer el recorrido y sus condiciones resulta fundamental antes de entrar en el cauce.
En la vertiente sur de Gredos se concentran algunos de los entornos más conocidos para este tipo de actividad. Las gargantas próximas al Valle del Tiétar y a La Vera presentan numerosos tramos encajados entre paredes de roca y cursos de agua que han adquirido importancia dentro del turismo activo. Más que un único recorrido, existe un conjunto de espacios en los que las características del terreno permiten plantear descensos muy diferentes entre sí.
El barranco de Arbillas es uno de los lugares más asociados al barranquismo en esta zona. Se encuentra en las proximidades de Poyales del Hoyo y destaca por un recorrido acuático en el que aparecen pozas y desniveles sobre granito. Su configuración permite entender bien la relación entre la geología de Gredos y esta modalidad deportiva: el cauce no constituye simplemente un escenario, sino que es el propio itinerario que debe superar el participante.
Otro de los espacios conocidos se encuentra en el entorno de La Hoz, en la zona de Madrigal de la Vera. Su presencia dentro de las rutas de barranquismo confirma la diversidad de cauces aprovechados para esta actividad en las inmediaciones del macizo. Lo interesante del territorio es que las alternativas no son idénticas. Cambian la longitud, el volumen de agua, los obstáculos y la exigencia técnica, de manera que la experiencia puede variar notablemente de un descenso a otro.
También el entorno del Valle del Jerte, conectado geográficamente con el macizo de Gredos, cuenta con barrancos utilizados para la práctica de esta disciplina. Los Papuos es uno de los recorridos conocidos por reunir diferentes elementos técnicos y acuáticos, con rápeles, saltos y toboganes. Su configuración demuestra hasta qué punto el agua ha transformado el relieve y ha creado corredores naturales muy diferentes de los senderos convencionales que recorren las laderas.
Esta variedad tiene una consecuencia importante: el barranquismo no puede entenderse como una actividad homogénea. La experiencia depende del recorrido elegido y, sobre todo, de las condiciones del cauce. La cantidad de agua puede modificar considerablemente la dificultad de determinados pasos. Un salto, una cascada o un tramo aparentemente sencillo pueden presentar características muy diferentes cuando cambia el caudal, y la temperatura también influye en el tiempo que una persona puede permanecer dentro del agua.
Por esa razón, la temporada tiene un papel fundamental. Los barrancos acuáticos están directamente condicionados por las precipitaciones, el deshielo y la evolución del caudal. Una actividad que puede resultar adecuada en determinadas fechas no tiene por qué presentar las mismas condiciones unas semanas después. En montaña, además, la previsión meteorológica adquiere un significado especial, ya que una tormenta puede alterar rápidamente las condiciones de un cauce.
Esta dependencia del medio natural es una de las principales diferencias respecto a otras disciplinas deportivas. El recorrido no es un espacio cerrado ni completamente previsible. La roca, el agua y la meteorología forman parte de la propia actividad y obligan a interpretar el entorno antes y durante el descenso. En ese sentido, el barranquismo tiene una dimensión técnica, pero también otra vinculada al conocimiento de la montaña.
La preparación adquiere, por tanto, una importancia especial. Aunque existen recorridos aptos para personas que se aproximan por primera vez a la disciplina, el hecho de que una actividad pueda ser iniciática no significa que carezca de riesgos. Un descenso de barrancos requiere conocer el comportamiento del agua, utilizar correctamente determinados equipos y saber cómo desplazarse sobre superficies mojadas y resbaladizas. En los tramos que incluyen técnicas de cuerda, además, los conocimientos necesarios son todavía mayores.


