Un arte nacido en Valencia
La historia de Lladró comienza en 1953, en el pequeño pueblo de Almàssera (Valencia), cuando los hermanos Juan, José y Vicente Lladró empezaron a modelar figuras en un horno de su casa familiar. Inspirados en el barroco, el rococó y en escenas cotidianas, dieron forma a una tradición artesanal que con el tiempo se transformaría en símbolo del arte español.
El gran salto vino en los años 60, cuando desarrollaron la técnica de la monococción, que permitía consolidar la pieza y su color en un solo proceso. Esta innovación se convirtió en una seña de identidad, dando lugar a los característicos tonos suaves y acabados delicados que reconocemos en la firma.
Hoy, las piezas se producen en la Ciudad de la Porcelana, en Tavernes Blanques (Valencia), donde escultores, pintores y modelistas trabajan en un proceso que combina tradición artesanal con innovación técnica. Cada figura pasa por decenas de manos, desde el modelado inicial hasta los últimos retoques de pintura y barniz.
Una artesanía convertida en símbolo internacional
El prestigio de Lladró no se entiende solo por la calidad de sus piezas, sino también por su capacidad de representar valores universales. Escenas de amor, maternidad, naturaleza o danza son algunas de las temáticas más reconocidas, todas narradas con un lenguaje visual delicado y atemporal.
La firma pronto trascendió fronteras y encontró un lugar en hogares de todo el mundo. Ya en los años 80, Lladró contaba con presencia en más de 120 países y era sinónimo de distinción en colecciones privadas y espacios de representación institucional. Su expansión coincidió con un auge del interés internacional por la artesanía europea, consolidando a Valencia como un polo de producción artística de primer nivel.
Reinventarse para un público contemporáneo
Uno de los grandes desafíos de la firma ha sido mantenerse vigente en un mundo donde las tendencias cambian con rapidez. La respuesta de Lladró ha sido apostar por el diseño contemporáneo, reinterpretando su porcelana en clave actual.
La dirección creativa de Nieves Contreras ha sido clave en este proceso. Según explicó en una entrevista con El País, la diseñadora ha impulsado una visión renovada que conecta con un público más joven, sin perder el alma artesanal de la marca.
Entre las novedades destacan colaboraciones con artistas contemporáneos y la reinterpretación de iconos de la cultura popular. La reciente figura de Superman en edición limitada, elaborada de manera artesanal en Valencia, es un ejemplo de cómo Lladró ha sabido dialogar con el lenguaje del cómic y el coleccionismo moderno.
Del mismo modo, la reinterpretación de Doraemon, el icónico gato cósmico japonés, demuestra la versatilidad de la porcelana como soporte artístico capaz de unir tradición y cultura global.
Valor artístico y de coleccionismo
Las piezas de Lladró son mucho más que objetos decorativos: con el tiempo, muchas se convierten en auténticas obras de coleccionista. Las ediciones limitadas y las figuras descatalogadas alcanzan precios notables en subastas y mercados especializados.
La combinación de belleza estética y exclusividad convierte a estas esculturas en una inversión cultural y emocional. Al adquirir una figura, se obtiene no solo un objeto ornamental, sino también un fragmento de historia que, con los años, puede ganar valor.
Un puente entre tradición y cultura global
La influencia de Lladró no se limita a los hogares privados. Sus obras han formado parte de exposiciones en museos y galerías internacionales, consolidándose como embajadoras del arte español. Desde Nueva York hasta Tokio, la porcelana valenciana ha sido reconocida como una de las expresiones más refinadas de la artesanía contemporánea.
Este papel como puente cultural se explica también por su temática universal. La maternidad, la amistad o el heroísmo son valores que trascienden fronteras y se expresan con un lenguaje visual accesible a todos.
Cuidado y conservación de la porcelana
Tener una pieza de porcelana Lladró implica también aprender a cuidarla para mantener su belleza intacta. Los expertos recomiendan:
- Evitar la exposición directa a la luz solar, que puede alterar los colores.
- Limpiar suavemente con un pincel o paño de microfibra, sin productos abrasivos.
- Conservar las figuras en vitrinas de cristal, reduciendo el contacto con el polvo y el riesgo de caídas.
- Manipular siempre con ambas manos, sujetando la pieza desde la base.
Estos cuidados permiten que la porcelana mantenga su brillo y delicadeza, convirtiéndose en un legado que puede transmitirse de generación en generación.
Un catálogo que conecta generaciones
En la actualidad, la firma ha expandido su creatividad hacia campos como la iluminación, la joyería y la perfumería, demostrando que la porcelana puede dialogar con múltiples disciplinas del diseño. Desde el espacio de Artestilo podemos apreciar un recorrido desde lo clásico, a lo contemporáneo, reuniendo en un solo lugar la diversidad creativa de la firma.
Arte que trasciende el tiempo
Las figuras de porcelana Lladró son un ejemplo de cómo la tradición artesanal puede transformarse en un lenguaje universal. Desde sus orígenes en Valencia hasta su proyección global, la firma ha sabido evolucionar sin perder autenticidad, conectando con generaciones diversas y adaptándose a los nuevos códigos culturales.
Adquirir una pieza no es solo decorar un espacio: es llevar a casa una obra que refleja historia, emociones y valores compartidos. Y es precisamente esa capacidad de unir lo íntimo con lo universal lo que convierte a Lladró en un referente cultural único.