La influencia de la filosofía tibetana en occidente.

Meditación, crecimiento personal, mindfulness son conceptos usados en la actualidad, heredados en gran parte del budismo. El budismo surge en el norte de la india 500 años antes de Cristo y llega al Tíbet en el siglo V de nuestra era. Desde ese momento fija en las montañas del país asiático su epicentro espiritual.

Meditación, crecimiento personal, mindfulness son conceptos usados en la actualidad, heredados en gran parte del budismo. El budismo surge en el norte de la india 500 años antes de Cristo y llega al Tíbet en el siglo V de nuestra era. Desde ese momento fija en las montañas del país asiático su epicentro espiritual. Hoy en día, sus planteamientos ejercen una fuerte influencia en occidente, no tanto como una religión, sino como una filosofía. Un punto de vista contrapuesto al consumismo y al estilo de vida frenético que impone la sociedad.

En 1949, China invade el Tíbet. El mundo gira sus ojos hacia un país pobre situado en el centro de Asia, sobre las montañas del Himalaya. Sus líderes espirituales se exilian del país. Se descubre, que aquella zona del planeta, prácticamente desconocida, atesora una rica cultura milenaria.

En agosto de 1967, los Beatles se desplazan al norte de la India, cerca del Tíbet, para acudir a un seminario sobre meditación trascendental. Los cuatro de Liverpool anhelan transformar la conciencia de la gente, para así cambiar la sociedad y alcanzar un mundo más justo. Por insistencia de George Harrison, el más espiritual de los Beatles, acuden a la cita intentando encontrar orientación.

Si bien, el retiro espiritual de los Beatles se realiza en la India, este gesto aumentó el interés de una parte de la juventud de la época por conocer el budismo, y a la postre, la cultura tibetana.

A finales de los años 80, en plena cumbre de su carrera, el actor norteamericano Richard Gere se convierte al budismo tibetano y se hace amigo personal del Dalai Lama. A raíz de ahí, otras personalidades del mundo del cine y de la música siguieron su ejemplo.

La filosofía del Tíbet.

Existen varias escuelas budistas. La que se practica en el Tíbet es la que se conoce como “el camino del diamante”. Un proceso de autocontrol y superación personal que puede llevar toda una vida, hasta alcanzar la iluminación. No se trata de cubrir etapas, sino que es una búsqueda para superar el dolor y desprenderse de los lazos materiales que vamos contrayendo a lo largo de nuestra vida.

Es lo que hizo el propio Buda, un príncipe hindú, que tras pasar toda su infancia y juventud, aislado del mundo, rodeado de todo tipo de lujos, un día descubrió la realidad y vio como los hombres sufrían y morían. Aquello le produjo una profunda consternación. La superó a base de disciplina y meditación, renunciando a las riquezas que se le tenían reservadas por su condición de príncipe.

Buda, que significa “el que ha alcanzado la iluminación”, se dedicó a propagar su experiencia como una herramienta para que las personas superaran las desdichas de la vida terrenal.

Para el budismo tibetano, el hombre es el único ser que tiene conciencia de sus virtudes y debilidades. Por tanto, puede luchar por alcanzar la iluminación. Debido a su situación, tiene la responsabilidad de proteger a todos los seres que conforman el universo, viendo en armonía con ellos y evitando que se produzca cualquier daño o mal.

En los primeros estadios del autoconocimiento, no preconiza el desapego completo. El hombre necesita alimento y un lugar donde guarecerse del frío. Solo a medida que aumenta su conciencia podrá ir desprendiéndose de lo innecesario.

El Tíbet es un país agrario, pobre, con unas condiciones materiales duras. Una población que vive en las montañas del Himalaya, la zona de mayor altitud del planeta y una de las más agrestes. Por su propia supervivencia, los tibetanos deben adoptar un estado mental de superación del dolor y de las dificultades. Hacer que no les afecten.

A pesar de las inclemencias, su relación con el medio es de respeto y admiración. La montaña les provee de todo aquello que necesitan.

En El Rincón del vago nos comentan como los monjes tibetanos no se dedican solo a la meditación. Viven exclusivamente en los monasterios donde tienen todo lo que necesitan para sobrevivir: cultivos, ganado, cocina, talleres. Ellos mismos se organizan de forma comunal. Algunos monasterios son auténticas ciudades. En ellos pueden llegar a vivir hasta 10.000 monjes. Aparte de asistir a los oficios religiosos, participan en las actividades económicas para la supervivencia de la comunidad y se encargan del cuidado y mantenimiento de los lugares sagrados.

Antiguamente en el Tíbet, cuando un niño cumplía los ocho años, se le enviaba a un monasterio para hacerse monje. Además de aprender los conocimientos de Buda, se le formaba en agricultura, artesanía, geografía, historia y plantas medicinales. Al llegar a cierto grado de conocimiento, podían convertirse en Lama, maestro, o bien abandonar el monasterio y formar una familia.

Los monjes se encargaban del cuidado y educación de los niños, así como de guiar espiritualmente a la población. Formaban una sociedad pacífica, tranquila, respetuosa con los demás y con la naturaleza, y dispuesta a ofrecer lo que tienen para mejorar al ser humano.

La influencia en occidente.

El budismo predica unos principios y un sistema de valores que choca con el capitalismo imperante. Esto atrae a personas críticas que ven la sociedad actual, en cierto modo, injusta y salvaje. Frente al individualismo y la competencia a ultranza, la filosofía tibetana promueve la armonía con el entorno. Frente al consumismo y la acumulación de bienes, defiende el desarraigo con lo material.

La filosofía budista no niega los cambios. Reconoce que vivimos en una realidad en continuo movimiento. Plantea que el hombre debe hacerse fuerte interiormente para que esos cambios no le afecten.

Existe una necesidad de espiritualidad, que algunas personas la han cubierto acercándose al budismo, y no con otras religiones implantadas en occidente, más arraigadas en nuestra cultura. Esto se debe a que el budismo tiene una estructura religiosa más flexible, menos férrea. Planteada más como un estilo de vida que como una serie de preceptos morales a cumplir. El budismo se guía por integrar, no por castigar aquellas conductas que no acepta.

En la segunda mitad del siglo XX conectó con movimientos pacifistas y ecologistas que se desarrollaron en Europa y América, anteponiendo el respeto por la naturaleza y el resto de la humanidad por encima de los intereses materiales.

El budismo ha facilitado una serie de herramientas que se han desarrollado en occidente en lo que llevamos de siglo. La han cogido en sus manos profesionales ajenos a esta religión y la han puesto al servicio de la población. La meditación o el crecimiento personal se utilizan para favorecer la integración del individuo en la sociedad y promover su desarrollo personal en pro de una vida más armónica y placentera.

La filosofía oriental está funcionando como contrapunto al nivel de exigencia y aceleración de la sociedad moderna, utilizado por algunas personas como un instrumento necesario para alcanzar un cierto equilibrio mental y emocional. Por ejemplo, los expertos de El árbol de la vida, una tienda que hay en Valencia, dicen que los artículos tradicionales tibetanos aportan tranquilidad, paz y aceptación de los acontecimientos de la vida que favorece al bienestar de las personas.

El periódico argentino La Nación plantea que el budismo tibetano ha crecido en occidente debido a dos fenómenos que se retroalimentan. Por un lado, la creación de centros budistas autónomos, y por otro, el hecho de que personalidades del mundo de la cultura y del espectáculo hayan abrazado la fe budista.

En Olivella, una pequeña localidad del sur de la provincia de Barcelona, es famoso el monasterio budista de El Garraf. Un centro creado por monjes budistas catalanes que además de practicar sus rezos, organizan seminarios de meditación, reflexión y crecimiento personal abierto al gran público. En un viejo palacete de estilo modernista, rehabilitado por ellos mismos, ofrecen alojamiento libre para que cualquier persona pueda realizar un retiro espiritual.

Igual que este monasterio, se han establecido centros de este tipo por toda Europa y América que crean espacios físicos en los que se difunde esta cultura.

El cantante Ricky Martín cambió la vorágine de la fama por la conciencia espiritual. Hoy es un budista confeso. En el 2003 se reunió con el Dalai Lama para contarle su proyecto “People for the children.” Una entidad orientada a ayudar a niños que han sufrido abusos sexuales.

 

La escritora francesa Marguerite Yourcenar dijo en una ocasión que de la conciencia moral al conocimiento intelectual, el perfeccionamiento del amor por los demás y la compasión presentes en su obra, todos arrancan de su práctica budista.

Además de Richard Gere, otras personalidades famosas de Hollywood como Harrison Ford o el escritor Robert Thurman, padre de la actriz Uma Thurman se hicieron budistas en su momento. El hecho de que personas conocidas se aproximen al budismo funciona como un potente altavoz de estas creencias. Favoreciendo que otras personas se acerquen a ella y aumentando el interés por conocer esta cultura.

En un mundo fuertemente interconectado, como el que vivimos actualmente, donde las distancias geográficas se han derribado con la tecnología, una filosofía oriental, como la tibetana, está presente en nuestra cultura, ofreciendo un contrapunto a los aspectos menos amables de nuestra sociedad.

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